jueves, 11 de octubre de 2012

Descubriendo mis ancestros - CAPITULO IV



CAPITULO IV
CÓMO EN HORA TEMPRANA LOS CONQUISTADORES ESPAÑOLES Y LOS HIJOS DE LA TIERRA SE AUNAN PARA FORJARNOS LA PATRIA
Aunque los expertos no terminan de ponerse de acuerdo, parece ser que Juan de Garay (c. 1527-1583) -hijo de Clemente López Ochandiano y Catalina de Zárate- nació en Orduña y luego, a causa de un incendio que estragó la ciudad, se mudó a la edad de siete años a localidad castellana de Villalba de Losa. No existen otras referencias sobre su infancia y adolescencia hasta 1543, que aparece embarcado, conjuntamente con su tío, el oidor Pedro de Zárate, en la flota del Virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela (1490-1544). En 1568 arriba a Asunción y es nombrado alguacil mayor de las provincias del Plata. Habiendo ya participado en la fundación de numerosas ciudades, el teniente de gobernador Martín Suárez de Toledo (1470- ?) lo envía a fundar una ciudad en el cauce del río Paraná, decisión a todas luces acertada, pues por entonces, Asunción era el único de todos los primeros asentamientos españoles en estas tierras que había logrado perdurar. Resultaba un imperativo de supervivencia mejorar la salida al mar, facilitando la comunicación con la metrópoli.

Es así que un 14 de abril de 1573[1], evidente preanuncio de una ulterior alborada, parte Garay de Asunción junto a unos pocos españoles, 80 mancebos[2] de la tierra y algunos auxiliares guaraníes. Una parte de la expedición iría por tierra, costeando la margen izquierda del río Paraná, con las carretas, el ganado, los caballos y demás bastimento necesario para la epopeya fundadora. Los menos venían bajando por el río en un bergantín y otras embarcaciones menores.

A orillas del Quiloazas (río San Javier en la actualidad), en donde hoy está Cayastá, confluyeron ambos grupos y se efectuaron las disposiciones a fin de alisar el terreno y levantar una empalizada de madera provista por el espinillo de la zona, al tiempo que se empezaron a construir los primeros ranchos. El 15 de noviembre de 1573, erigido el palo rollo - símbolo de la Justicia y el poder Real- Garay funda oficialmente la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, conforme las formalidades de la época[3].

"Yo, Juan de Garay, capitán y justicia Mayor en esta conquista y población del Paraná y Río de la Plata. Digo que en el nombre de la Santísima Trinidad y de la Virgen Santa María y de la universidad de todos los Santos y en nombre de la Real Majestad del rey Don Felipe nuestro señor y del muy ilustre Señor Juan Ortiz de Zárate, Gobernador, Capitán General y Alguacil Mayor de todas las provincias del dicho Río de la Plata, por virtud de los poderes que para ello tengo de Martín Suárez de Toledo Teniente de Gobernador que al presente reside en la ciudad de la Asunción. Digo que en el dicho nombre y forma que dicho tengo, fundo y asiento y nombro esta ciudad de Santa Fe, en esta provincia de calchines y mocoretaes, por parecerme que en ella hay las partes v cosas que conviene para la perpetuación de la dicha ciudad de agua y leñas y pastos, pesquerías y casas y tierras y estancias para los vecinos y moradores de ella y repartirles, como su Majestad lo manda y asiéntola y puéblola."[4].

Allí no se detuvo su aventura colonizadora, y nombrado teniente de gobernador y capitán general de todas las provincias del Río de la Plata, el nuevo Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón (1535-1610) lo manda a fundar una ciudad en el estuario del Río Plata, en las cercanías del lugar en que Pedro de Mendoza (1487-1537) fundara en 1536, bajo al advocación de Nuestra Señora del Buen Ayre, aquel fuerte que poco resistiera el embate de los indios. Así, el 11 de junio de 1580 declaró fundada la ciudad de la Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, la que pronto empezó a llamarse más simplemente, Buenos Aires.

El fundador alternaba su estancia entre ambos emplazamientos y encontrándose en la ciudad puerto se ve precisado a regresar con urgencia a Santa Fe para sofocar con rigor la llamada Revolución de los Siete Jefes[5]. Luego, su espíritu inquieto lo llevó a continuar con el descubrimiento rumbo al sur, llegando hasta la actual ciudad de Mar del Plata. Ese afán emprendedor encontró violento final cerca de las ruinas del Sancti Spiritu - el antiguo fuerte de Sebastián Gaboto (c. 1476-1557) - cuando el noble vizcaíno "murió desastrosamente a manos de los indios", en las tristes palabras del Cabildo asunceño. En la -ahora más que nunca incomprobable - saga familiar, mi abuelo tendría que ser uno de los doce soldados que esa noche del 22 de marzo de 1583 habría perecido conjuntamente con Garay, cuando una emboscada de los feroces indios guaraníes los sorprendió durmiendo a orillas del río Carcarañá.

Esto es lo que había podido averiguar, y salvo alguna tangencial nota de color[6], no pude hallar ni media palabra sobre mi mítico ancestro. En vano fatigué todos los libros a mi alcance. No menos vana fue la febril exaltación que me llevó a recorrer bibliotecas y colecciones privadas con idéntico resultado negativo pues, con mayor o menor detalle, todos los folios consultados decían más o menos lo mismo, al haber abrevado en similares fuentes. La propia existencia de aquel valeroso capitán que daba guerra a los indios y cuya sombra me había sido revelada una noche de febrero en medio de tambores, se volvía cada vez más esquiva.

Ni qué decir del silenciado defecto familiar, ominosa presencia que no podía siquiera atisbarse por vía de la más forzada inferencia en ninguna de las crónicas consultadas.

© Pablo Martínez Burkett, 2005







[1] Nota del editor a la 1º Edición: 14 de abril es también el cumpleaños del autor y su importancia ya fue augurada por el filósofo ocultista de la Edad Media, el mallorquín Raimundo Lulio.
[2] Hijos de españoles nacidos en América.
[3] Aún se mantenía la costumbre medieval de sacar la espada y dar tajos a arbustos y ramas, trasladar piedras de un lugar a otro, pasearse por prados y playas y demandar la existencia de algún contradictor que se opusiera a la toma de posesión en el real nombre de Felipe II y la real corona de Castilla y León, para luego, precedidos por la cruz, hacer un desfile con los soldados en formación de guerra, requiriéndoles testimoniar la ausencia de tal oposición.
[4] Acta de Fundación de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz.
[5] Quiero honrar aquí el nombre de los indómitos mancebos de la tierra que, el 1º de junio de 1580 se sublevaron por vez primera en suelo patrio contra los españoles buscando la formación de un gobierno comunal de criollos: Lázaro de Venialbo, Gallego, Ruy, Romero, Leyva, Mosquera y Villalta.
[6] En el poema épico del ya citado del Barco Centenera, el arcediano se prodiga en elogios para con los criollos que participaron en la fundación de Santa Fe: Estaba la ciudad fortificada / encima la barranca sobre el río; / de tapias no muy altas rodeada / segura de la fuerza del gentío. / De mancebos está fortificada, / procura el indio de ellos el desvío / que son diestros y bravos en la guerra / los mancebos nacidos en la tierra.